Feminismo a la derecha

¿Existe el feminismo de derechas o la derecha feminista? ¿Acaso se puede ser feminista y de derecha? ¿Por qué el feminismo es considerado comúnmente como patrimonio de la izquierda? ¿El feminismo es un movimiento de base o es transversal? Todas estas preguntas están presentes en el panorama político actual, en el que aparentar ser feminista parece algo indispensable para la mayor parte de los partidos europeos. Para responder a estas preguntas, debemos entender primero que el feminismo como disciplina o acción política única y homogénea no existe, sino que hay una gran variedad de feminismos diferenciados con opiniones y pensamientos heterogéneos. Del mismo modo, debemos pensar que no existe una derecha homogénea y necesitamos plantear si la derecha y la izquierda actuales se corresponden con los valores tradicionales atribuidos a las mismas. La idea que aquí se recoge es que un feminismo de derechas es, cuanto menos, incongruente.

Tradicionalmente el feminismo ha sido considerado un movimiento político adscrito a la izquierda. Esto puede deberse a que las luchas por la igualdad social y por la defensa de los derechos de las clases oprimidas ha sido llevada a cabo por la izquierda, mientras que la derecha ha sostenido un pensamiento conservador, tradicionalista y comúnmente vinculado a los valores religiosos y patriarcales. Hasta ahí todo parece claro, pero el desarrollo del mundo contemporáneo y la expansión de las teorías feministas ha propiciado su integración en el debate político actual y la aparición de defensas del feminismo desde ambos márgenes ideológicos. En el año 1998, María Dolores Renau afirma:

“No sé si la izquierda va a ser capaz de asumir el feminismo plenamente, como algo propio, definitorio de su identidad. En cambio, sí sé que la derecha va a luchar activamente contra él porque teme, con razón, el potencial transformador del movimiento feminista. Tal vez, reconoce en él la fuerza del mismo “ideal de igualdad” que ha sido y es el motor de las grandes transformaciones sociales en los últimos dos siglos. Un ideal que ha constituido a lo largo de la historia una de las más características señas de identidad de la izquierda” (Renau, M. D. (1998). Feminismo y derecha. Debate Feminista, 17, 211-222.).

Sin embargo, el debate interno feminista ha comenzado a polarizarse, encontrando sectores radicales que denuestan a sus contrarios. Por decirlo de algún modo, la derecha está “fagocitando” o apropiándose de las políticas feministas incluyéndolas en su discurso, algo que ha sorprendido a la izquierda en su perspectiva “acaparadora” de la lucha feminista. De este modo, podemos escuchar a la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular Andrea Levy afirmar:

“La voluntad de garantizar la igualdad de las mujeres es igual de fuerte en los partidos de centro-derecha que en los de centro-izquierda”.  (http://www.magazinefa.com/24-7/espe-fea/)

La derecha europea y norteamericana ha tenido grandes mujeres representantes y con gran poder político, como es el caso de Margaret Thatcher o Sarah Palin. En España, lo son los casos de Esperanza Aguirre o de Soraya Sáenz de Santamaría por nombrar algunos ejemplos. Algunos grupos de admiradores autoclasificados de derechas argumentan que son claros ejemplos de mujeres empoderadas o simplemente poderosas. Esto favorecería la creación de una visión de la mujer como un individuo en absoluta igualdad de condiciones y fuerte, propiciando la aparición de “imitadoras” de este modelo de feminidad. Sin embargo, desde la izquierda y algunos sectores de derecha se argumenta que no son feministas, debido a que no realizan políticas que realmente favorezcan la posición de la mujer. En un artículo publicado el Martes 6 de septiembre de 2011 con el título “El feminismo de derechas no existe”, la escritora y activista Beatriz Gimeno Reinoso sentenciaba:

“Cospedal, Sarah Palin, Esperanza Aguirre, Margaret Thatcher y todas esas mujeres de derechas no son feministas porque, por muy mujeres que sean, sus políticas van a empeorar dramáticamente la suerte de la mayoría de las mujeres. Eso es incompatible con el feminismo. Así que no se puede ser feminista y de derechas. Lo que sí se puede ser es mujer y reaccionaria y esto es lo que son, sin más, estas mujeres que Naomi Wolf nos pone de ejemplo; reaccionarias sí, feministas no” (http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/El-feminismo-de-derechas-no-existe).

Otro argumento controversial, es el que defiende el sistema de mercado neoliberalista, en el que el hombre y la mujer gozarían hipotéticamente de igualdad de condiciones y en el que la mujer podría acceder libremente y aumentar su capacidad económica y de poder. La mayor parte de la derecha actual, defiende la idea de libre mercado basado en el beneficio nacional. Sin embargo, desde el argumentario de izquierdas se critica la existencia de un capitalismo salvaje, en el que las clases dominantes tienden a enriquecerse y las clases bajas a empobrecerse aun más, aumentando la desigualdad social. De este modo, la mujer como sector oprimido, empeoraría su posición. Nuria Varela indica en su popular obra “Feminismo para principiantes”:

“La ley del mercado que, en la práctica, equivale a la ley del más fuerte, arroja a los márgenes de la economía a los que están en peores condiciones para competir, especular e invertir. Eso

hace que las mujeres sean las que se llevan la peor parte. Las mujeres, al estar menos integradas en estructuras laborales y de poder, junto con los niños, son las principales víctimas, tanto en

el norte como en el sur. El 80 % de los despidos tras la crisis del sureste asiático afectó a mujeres. La línea más baja de pobreza está ocupada en un 80 % por mujeres, tres cuartas partes de la

humanidad viven con menos de dos dólares al día y, entre ellos, más de 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar al día, de las que el 80 % son mujeres. (Varela, N. (2014). Feminismo para principiantes. Ediciones B.)

Uno de los grandes problemas que plantea el feminismo con respecto a la derecha, es que los partidos conservadores están al servicio del sistema patriarcal dominante y que fomenta la construcción de género tradicional, dos causas esenciales de la situación de opresión en la que se ha encontrado la mujer a lo largo de la historia. De este modo, hay ciertos movimientos feministas, como el radical, el ecologista o el antisistema que defienden que la única vía de igualación de condición entre el género masculino y el femenino es la transformación del sistema económico imperante que ha favorecido al hombre en su posición de dominación a través del uso de la violencia en sus diferentes categorías. Sin embargo, algunos de estas corrientes políticas también se desmarcaban de la izquierda tradicional, reivindicando una transformación de base que no había sido llevada a cabo por los movimientos políticos revolucionarios.

“La frustración y el malestar de las mujeres dentro de los grupos de izquierda podemos resumirlos en dos frentes: la práctica política y organizativa y las cuestiones teóricas. En el primer aspecto, las mujeres se encontraron con una marginación de sus actividades y una reproducción de la división sexual del trabajo. Dentro de las organizaciones eran relegadas a los trabajos menores. Como señala Lydia Sargent Parafraseando a Betty Friedan-, después de limpiar y decorar las oficinas preparar las cenas de los activistas, fotocopiar panfletos, contestar teléfonos, etc. no podían dejar de preguntarse: ¿Y esto era todo? (Sargent, 1981). La cuestión de quién limpiaba la oficina se convertía así en una cuestión política). Por otro lado las mujeres se enfrentaban a su invisibilización como líderes, a que los debates estuvieran dominados por hombres y a que sus voces no fueran tomadas en cuenta (…) La clase constituía el eje prioritario en el análisis de la opresión, y el género o en su defecto el sexismo, o bien era objeto de bromas o no era objeto de consideración teórica”.

Sin embargo, en la actualidad existen numerosos grupos feministas basados en la transvesalidad. (Maquieira, V., Álvarez, S., & Sánchez, C. (2001). Feminismos. Debates teóricos contemporáneos. Madrid: Alianza. Coleccion Ciencias Sociales).

Podemos encontrar feminismos comunistas, anarquistas o socialistas y movimientos que consideran que la lucha contra el patriarcado debe estar unida a la lucha contra el capital. Un feminismo de derecha, no podría ser transversal con respecto al neoliberalismo o al capitalismo salvaje, lo que caería en una contradicción con la mayoría de las teorías feministas contemporáneas.

Pero si consideramos el feminismo en un sentido amplio y acudimos a su definición mayoritaria, es decir, un movimiento político que defiende la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ¿cuál es el problema que impide formular un feminismo desde la derecha? En un sistema neoliberal, el sistema de derecho podría intentar cimentar una base igualitaria, en la que la mujer podría desarrollar su rol de libre competencia y superar a través del mérito social su estado de opresión por parte del patriarcado dominante. Esta es la teoría que defienden los colectivos precursores de un feminismo “no paternalista”. La doctora en ciencias económicas y empresariales y autora de autora de “Afrodita Desenmascarada. Una defensa del feminismo liberal” María Blanco, escribe:

“Ésta es la actitud que caracteriza al nuevo feminismo de izquierda radical: se denuncia la situación (y a veces se agranda inflando los datos), se crea alarma social y se reclama que alguien haga algo para que la mujer sea independiente (…), De nuevo, esto supone una contradicción, porque, a pesar de los grandes titulares que hablan de empoderamiento, lo cierto es que las políticas llamadas ‘de género’ hacen dependientes a las mujeres”. (https://www.elespanol.com/cultura/libros/20170517/216728876_0.html)

Lo que parecen olvidar las teorías que se autodeclaran “no paternalistas”, son datos como el número de víctimas por violencia de género en el mundo o como la situación global de pobreza en la que se ve la mujer. Digamos que esta teoría solo es aplicables a estados en los que efectivamente existe una igualdad judicial y de derechos y en los que la mujer no está situada en un nivel económico inferior al hombre, algo imposible en la práctica.

Según Renau:

“El feminismo se nutre de los planteamientos y de las políticas de izquierda. Cualquier propuesta, programa o gobierno que tenga entre sus objetivos una mejor redistribución de los bienes económicos y culturales, que tienda a generalizar la igualdad, beneficia a la mujer en la medida en que ésta parte de una situación de desigualdad y discriminación (…) Los gobiernos de izquierdas han hecho avanzar la igualdad entre los sexos”. Sin embargo, también afirma: “El feminismo (…) ha sido considerado por los actores políticos (…) algo irrelevante para la izquierda.

Si analizamos el desarrollo histórico de las ideas revolucionarias de izquierda, encontramos como la mujer ha sido dejada en numerosas ocasiones en un segundo plano, considerándose la igualdad de género un objetivo secundario a la hora de transformar la sociedad.

Desde la perspectiva contraria, también se puede argumentar que el feminismo es un movimiento político que, pese a sus logros sociales, ha sido perfectamente absorbido hasta el momento por el sistema capitalista, no suponiendo un cambio verdadero en la estructura del sistema hegemónico. Un contra-argumento para esta idea, es que el feminismo sí ha atacado a la élite gobernante, compuesta de forma patriarcal y que los cambios sociales efectuados se dirigen a la mitad de la población, siendo el movimiento revolucionario más extenso y generalizado de la historia.

Otro de los argumentos comunes defendidos por la derecha es que en muchos de los gobiernos social demócratas del mundo capitalista la desigualdad se ha reducido a través del crecimiento económico y la ampliación de las clases medias, a través de la generación de prestaciones básicas y el aumento de atención social a las mujeres. Sin embargo, otra perspectiva diferente, izquierdista, argumenta que estas prestaciones y derechos se conceden como una forma de paliar los focos revolucionarios que presionaban a los gobiernos capitalistas, siendo mérito de la lucha de la izquierda, esencialmente a través de la ideología socialista.

Sin embargo, una derecha reaccionaria, no puede, por definición, reconocer el estado de desigualdad en el que se encuentra la mujer históricamente ni considerarlo como una de las necesidades sociales básicas en la sociedad de su momento, puesto que sería un argumento en contra del ideal conservador y del papel histórico de la mujer en la familia, la iglesia o el poder político.

Llegados a este punto, solo parece quedar una alternativa mencionada anteriormente. Un feminismo de derechas definido esencialmente por el apoyo al sistema neocapitalista de libre mercado y que este sistema se erigiese desde una perspectiva de igual social. Es decir, el feminismo de derechas solo puede plantearse desde la perspectiva de una sociedad desarrollada económicamente y sin brecha socio-económica de género. No obstante, es el propio sistema capitalista el que sustenta la situación de desigualdad cada vez mayor en el planeta. Esto choca con la idea fundamental de la mayor parte de las corrientes feministas hasta el momento, cuyos preceptos entroncan de una manera mucho más cercana con los valores de la izquierda histórica asociados al intento de instauración de una sociedad igualitaria, aunque su lucha política se haya hecho al margen de las mismas en la mayor parte de las ocasiones.

En definitiva, el problema esencial es que, sin una igualdad socio-económica establecida, el sistema capitalista tiende a desfavorecer a los sectores poblacionales con peor situación económica y a favorecer, en contra, a aquellos que parten de una situación ventajosa. Por eso, “el feminismo liberal” que se viene popularizando en los últimos años es una falacia que atiende a unos intereses concretos, el de unas élites dominantes que pretenden conservar el poder hegemónico y que, principalmente, está compuesta por el género masculino. Es por eso que el papel de la izquierda ha de ser el de asumir la teoría de género como uno de sus puntos esenciales, remarcando que un feminismo a la derecha es práctica y teóricamente incongruente.

11-2017.

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